Ayer cruce una vez más por el hermoso Canal de Chacao, el sol estaba de nuestro favor pero acompañado de un surazo impresionante que movió completamente al transbordador en donde viajábamos.
Me encanta hacer esta pequeña travesía de 20 minutos en la que recuerdo los viajes en camión a Chiloé con mi extrañado Tata Pepe en donde nos levantábamos a trabajar muy de madrugada y regresábamos al anochecer, que lección.
Un viaje mareador pero de esos que serán imborrables.









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