Hace un par de años, no recuerdo si 4 o 5, tuve la enorme experiencia de cenar junto a Volodia Teitelboim. Dicho encuentro fue en el departamento de mi padre y la instancia albergaba a mucha gente, casi todos miembros del Club de la Patagonia. El motivo, mi padre, gran fanático de las artes, de Rorbeto Matta en especifico y coleccionista de una serie de grabados de este importantísimo artista chileno quiso generar una conversa sobre la relación de amistad entre Volodia y Matta, la idea era conocer mejor la historia de ambos amigos, sus aventuras, anecdotas, etc.. En definitiva cualquier dato nos servía para entender mejor a estos grandes chilenos.
A su llegada y al ver a tanta gente sentada en una mesa esperándolo, Volodia quedo mudo y extrañasido, no sabia en que rareza había caído por lo que en un principio se decidió a observar por largos minutos. Finalmente y despues de unos cuantas preguntas dirigidas Volodia comenzó a hablar amenamente envolviéndonos con sus palabras y consecuencia.
En la velada Teitelboim me sorprendió por su lucidez y las mil y un anectodas contadas, desde sus aventuras con Matta más algunas divertidisimas historias, como por ejemplo nos dio a conocer en las extrañas circunstancias en que se conocieron Gabriela Mistral y el joven Matta en Europa.
Realmente un viejo muy choro que odiaba la Coca Cola que irradiaba sabiduría, respeto y que tuve la gran fortuna de escuchar. Fue una noche llena de emotividad y que jamás olvidare.









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